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La soledad de opositar


Hola #OpoCompis,

Esta semana me apetecía hablar con vosotr@s sobre un aspecto de las oposiciones del que no se suele comentar demasiado. Me refiero a la soledad que se puede llegar a sentir en el camino hacia nuestra plaza. Podríamos decir que se experimenta una soledad tanto física como emocional.

En cuanto a la soledad física, es lógico que al estar muchas horas estudiando, especialmente si lo hacemos en casa, pasemos más tiempo del habitual sol@s en casa, así como nuestras relaciones sociales también  se ven muy reducidas.
Personalmente, esto no ha supuesto un gran problema. He podido tener épocas en las que me haya apetecido relacionarme algo más y entonces es cuando he acudido a estudiar a la biblioteca, bien sola o con alguna compi. Porque aunque a la biblio vayas sol@, siempre hay una sensación de acompañamiento. Al final parece que l@s opositores/as estamos10 «condenados» a entendernos entre nosotr@s, y no es raro compartir algún café con alguien con el que coincidamos frecuentemente en la biblio.
La soledad física también se percibe claramente cuando por cualquier motivo (fiesta, vacaciones…), las personas con las que convivimos se quedan en casa. Da igual, al final el #OpoZulo es nuestro hábitat natural y podemos llegar a sentirnos confinados en él, mientras en la casa transcurre la «otra vida», la que parece estar más allá del aprobado.
Otro momento en que se percibe es, en esos días post fiesta, en los que el país está descansando, pero nosotr@s tenemos que estudiar. Más de una vez me ha tocado «cantar» en fechas tan señaladas como el 24 o el 31 de diciembre. Parece mentira salir a la calle a dar un paseo para despejarte un poco y encontrarte la calle desierta.

 

Por lo que respecta a la soledad emocional, me parece mucho más importante y la que puede llegar a generar conflictos internos. Ya hemos hablado en otras ocasiones de lo difícil que nos puede resultar hacernos comprender por personas profanas en la materia. En muchas ocasiones, aunque sean personas muy cercanas y con una vinculación emocional con nosotr@s. Ni que decir tiene lo aislad@s que nos encontramos en reuniones de familiares y/o amig@s mientras tod@s los demás comentan su acelerada vida y nosotr@s tenemos que limitarnos a sonreír y asentir. Y es que el día a día estudiando tiene poco que contar de interesante.

Siempre es bueno exteriorizar nuestros sentimientos y miedos a las personas más cercanas, puede parecernos que se quede solo en una soledad compartida. Aún así, ponerle nombre a las cosas siempre es un buen ejercicio de autoconocimiento.

También creo que puede ser una muy buena fórmula para acercarnos a esas personas especiales a las que no podemos dedicarles todo nuestro tiempo y nuestra energía por el momento.

Finalmente, no hay que obsesionarse constantemente con el «yoísmo» y el autoanálisis de querer conocer a cada instante cómo nos sentimos con respecto a nosotr@s mism@s y al mundo.  Es bueno también dejarse llevar un poco y dejar que las cosas fluyan.

Deseo sinceramente que os hayáis sentido algo menos sol@s al leer esto. Nos vemos por aquí y en mi blog y RRSS.

Cris