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Entrevista a Ainhoa Quinto, la joven capaz de aprobar la oposición de Judicatura con solo 23 años


¡Hola a tod@s!

Son varios los jóvenes que han salido en los medios nacionales como auténticos “cracks” de las oposiciones y una de ellas es Ainhoa Quinto, donostiarra de 23 años que ha conseguido superar la primera parte de la oposición de Judicatura. Después de dos años de dedicación a la oposición ha superado el examen tipo test y los dos orales, y se encuentra actualmente en la Escuela Judicial de Barcelona, a la que llegó a principios de año. Tras nueve meses en ella, la donostiarra tendrá que superar un año de prácticas para ser oficialmente parte de la Carrera Judicial.

Su precocidad no es casual, siempre fue una alumna aventajada, pues ya en Primaria los profesores decidieron adelantarla un curso. Es por ello que terminó la carrera de Derecho en la UPV/EHU con tan solo 21 años, uno antes de lo habitual.

En esta entrevista nos cuenta las claves para superar una de las oposiciones más duras de España.

 

– Cuéntanos un un poco tus inicios, ¿eras de los mejores de clase?

Sí, siempre fui muy buena estudiante, de hecho fui la primera de mi promoción, aunque no creo que ese sea el requisito más importante.

(-Recalcar también que la media de Ainhoa en Bachillerato fue de 9,95 y obtuvo una de las calificaciones más altas de Euskadi en Selectividad, 13,8 sobre 14. Asimismo, empezó derecho en la UPV/EHU con 17 años y lo terminó con 21, pues le adelantaron un curso en Primaria, como ya se dijo-).

 

– ¿En qué momento tomaste la decisión de opositar a judicatura?

En mi caso ya entré en la carrera de Derecho queriendo ser jueza, y durante la carrera reforcé mi decisión. Hubo profesores que intentaron que cambiara de idea diciéndome que era muy difícil, pero yo lo tenía claro. Además, a medida que iba leyendo más sentencias, más me convencía de que eso era lo que quería hacer.

 

– ¿Cuál era tu rutina de estudio como opositora?

Siempre había sido una persona nocturna, pero me volví muy mañanera. Me despertaba a las 7 horas, empezaba a estudiar a las 7:30 horas, y estudiaba hasta las 12:30 horas  Luego paraba dos horas para comer y tumbarme un rato, y a las 14:30 horas volvía a empezar hasta terminar los temas. Con la hora de terminar me fui volviendo más flexible: al principio me obligaba a mí misma a quedarme hasta las 7 y media, pero luego me di cuenta de que el descanso era más importante que alargar el tiempo artificialmente.

Mi día de descanso eran los sábados, y eso era sagrado. Nunca estudié el sábado, ni siquiera el último antes del examen. Lo que sí hice fue, dos meses antes de cada oral, utilizar el día de descanso para hacer simulaciones.

 

– ¿Fuiste a algún tipo de academia o preparador?

Sí, mis preparadores eran un equipo de tres Letradas de la Administración de Justicia y dos Magistrados. Éramos un grupo de opositores, así que nos oíamos cantar los unos a los otros.

 

– ¿Estudiabas en casa o en la biblioteca?

Fundamentalmente en la biblioteca, me ayudaba a no amargarme tanto. Los días festivos y los domingos me tenía que quedar en casa, porque en mi ciudad (-San Sebastián-) las bibliotecas no abrían, y se me caía la casa encima, la verdad.

 

– ¿Tenías algún tipo de truco o método para memorizar?

Me hacía un esquema cuando estudiaba los temas nuevos, pero sólo para que se me quedaran las ideas estructuradas, luego no los volvía a utilizar. Lo que más me ayudaba era utilizar siglas para aprenderme las listas.

 

– ¿Alguna manía opositora confesable? 

Yo subrayaba siempre los artículos en rosa y la jurisprudencia en azul, y la verdad es que si el subrayador no era de la misma tonalidad me ponía muy nerviosa. Además, cuando iba a cantar al preparador me quitaba las gafas para no ver qué cara me ponían (aunque luego al Tribunal Supremo sí que llevé lentillas).

 

– ¿Cómo preparaste el examen tipo test, algún sistema concreto?

Yo seguí con el ritmo de estudio normal, y además me leía los artículos del Código Civil, Código Penal, LEC y LECrim, ¡y de las leyes especiales! Que son muy importantes y además siempre cae alguna pregunta. También es muy importante hacer los tests de años anteriores, es la única forma de prepararse de verdad.-

 

– ¿Cuánto tiempo empleaste para prepararlo?

Empecé a prepararme desde que convocaron la oposición, aproximadamente tres meses antes. Y luego las últimas semanas les daba una lectura muy intensiva a los artículos.

 

– ¿Cual fue el tema o materia que más se te atragantó a la hora de estudiar?

De Derecho Constitucional odiaba los temas de los órganos de gobierno de los jueces y magistrados. De civil, la propiedad horizontal. De penal, los delitos de terrorismo. A procesal civil le tenía bastante manía en general, pero sobre todo al último de jurisdicción voluntaria. Y en procesal penal odiaba muchos temas porque se quedaban demasiado largos.

También es verdad que desconfiaba muchísimo de los temas que no tenían mucha sustancia, porque son los que deslucen más en el momento del examen.

 

– ¿Cuál era tu método para preparar el examen oral?

Primero cantaba todos los temas que entraban en cada uno de los exámenes, para tomar el tiempo y ver cuáles me quedaban largos y cuáles en tiempo. Luego, a dos meses del examen empezaba a hacer simulacros todos los sábados por la mañana, porque también cuenta el tiempo en conjunto.

 

– ¿Qué crees que pesa más en una oposición, el talento o la constancia en el estudio?

No tengo ninguna duda de que lo más importante es la constancia en el estudio. Por mucho talento que uno tenga, si no tiene fortaleza mental y disciplina no aguanta lo dura que es esta oposición.

 

– ¿Cuál crees que fue la clave para aprobar en tan poco tiempo?

No lo sé decir, la verdad es que me siento una afortunada. Creo que el hecho de que en 2015 hubiera tantas reformas nos benefició a los que empezamos en 2014, porque los más veteranos tiraron la toalla. De hecho, este año en la escuela hay muchísima gente que ha aprobado en dos años. También la clave está en no ponerse límites a uno mismo.

 

– ¿Te habías puesto algún límite de tiempo máximo para aprobar?

Al principio decía que aguantaría lo que hiciera falta, pero presentarme a los exámenes me quemó tanto, que me puse como límite tres convocatorias, pasando el test. Por tanto, no era el número de años, sino el de veces que fuera al oral.

 

– ¿Tenías relación con otros opositores? ¿Hiciste amistad con alguno de ellos?

Como ya he dicho, nosotros íbamos a cantar en grupo, y ese momento de charla antes y después del examen era fundamental para mantener la moral alta y sentirnos comprendidos. También tenía relación con una compañera de la carrera que oposita en otra ciudad, y nos pasábamos las correcciones de los temas y siempre muchos ánimos.

 

– ¿Cuál fue tu peor momento como opositora?

Tuve un momento personal muy malo cuando murió mi abuelo, porque tuve que seguir adelante como pudiera. Pero también en los meses entre el primer y el segundo oral tuve un bajón muy grande, porque estaba muy cansada y veía la meta muy lejos, pero tenía claro que no quería estar otro año más sufriendo. Por otra parte, todavía no había visto todos los temas, y tuve que aumentar el ritmo para llegar, y acabé agotada.

 

– ¿Qué sentiste cuando supiste que habías aprobado?

Cuando hice el primer oral creí que lo había suspendido, así que me llevé una gran alegría cuando aprobé. Para cuando llegué al segundo oral estaba tan agotada y sin fuerzas que tardé muchísimo en reaccionar. Me costó mucho creerme que efectivamente mi sufrimiento había terminado y que lo había conseguido. Siempre tuve la esperanza, pero no me atrevía a confiar demasiado en ello para no decepcionarme luego.

 

– ¿Qué le dirías a los opositores que te están leyendo?

Que aguanten. Igual que se lo diga alguien que ha aprobado en poco tiempo les sonará a chiste, pero realmente pasé unos momentos muy malos y lo único que me hizo seguir adelante fue querer aprobar más que nada en el mundo. También es muy importante quererse a uno mismo, no sólo como persona, sino también como opositor. Ya es suficientemente duro estar metido en esto, no debemos ponernos más palos en las ruedas a nosotros mismos.

Quererse como opositor significa aceptar que el modelo de estudio que le va bien a otra persona no tiene por qué ser el nuestro, y nunca, nunca compararse con los demás. Hay quien es más ansioso, quien es más tranquilo, quien memoriza más rápido y a quien le cuesta más, pero todos pueden llegar a la escuela. Este año somos 65, y he conocido otros 64 modelos de opositor, y todos lo hemos conseguido.

El equipo de Opositatest.